La tecnología, más que un impedimento, ha sido un
complemento; no se trató de aceptarla o dominarla, más bien las personas se
adaptaron a ella para impulsar su aprendizaje.
Con la educación en línea sucede algo parecido. Puede ser tan
fácil o difícil como los estudios presenciales, en un salón de clases, si
tenemos en mente 3 aspectos:
1. Análisis
Si estás acostumbrado a recibir información y no reflexionar
ni lo que escuchas ni lo que ves, tendrías un inconveniente.
En cambio, si tu curiosidad va más allá de lo que sólo te
transmite un profesor, tienes las bases para aprender a distancia.
2. Organización
Aquí hablaremos de tiempo, luego de más tiempo y por último
sobre… tiempo. A tus actividades de todos los días les añadirás un gran
proyecto: asimilar nuevos conocimientos.
Estudiar en línea tiene enormes beneficios –como no tener la
necesidad de trasladarse a ningún sitio o poder ingresar a la institución a
cualquier hora– pero sí requiere de atención y compromiso por parte de los
alumnos.
¿Puedes planificar tus días y llevar a cabo esa organización?
¿O reina en ti la palabra “desorden”? De eso depende qué tan complicado o
sencillo podría ser para ti este modelo de enseñanza.
3. Disciplina
Fácil: ¿necesitas que alguien te dicte el ritmo, los días y
horarios en los que debes aprender o estás listo para llevar las riendas del
tema?
Aprender en línea no se necesita de un horario estricto como
en la universidad o en el colegio. Todo está depende de quién quiere aprender.

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